Anónimo

"Llegué a un punto, que no voy a volver a la hostelería, no hasta que esta situación de semi esclavitud cambie de verdad..."

Yo comencé en este sector en el año 2010 de aquella estaba estudiando una FP y me llegó una oferta de trabajo, el trabajo sería como camarero para fines de semana. Mi horario era viernes de 18:00 a cierre, sábado y domingo de 12:00 a 15:00 y de 18:00 a cierre los festivos a partido también. El cierre normalmente era a las 2:00 am o 3:00 am, pero hubo días que marché a las 7:00 am y sin cenar. Mi sueldo eran 30€ diarios sin contrato, daba igual las horas que hiciera.

Acepté porque mientras estudiaba me ganaba 4 duros y bueno aquello era “temporal” lo temporal se transformó en 6 años de mi vida en ese bar.

Yo era joven y no me voy a engañar, un poco tonto, tonto por oír “hostelería es así, trabajar mucho y ganar poco”, “en todos los lados es igual” y yo como ingenuo caí en la trampa. Durante ese tiempo no deje el trabajo por el miedo que vociferaban mis jefes y compañeros/as se hiciera realidad, estar trabajando en un sitio peor, pero un día me salió la oportunidad de trabajar de camarero en un restaurante con un contrato de trabajo, estaba tan quemado de mi situación que decidí aventurarme.

En este restaurante cumplió con lo que me dijo “un contrato de 40 horas semanales” pero, como ayudante y las 40 horas semanales se quedan muy cortas para tanta semana que hacíamos. Además, cuál fue mi sorpresa que me acabé encargando de pedidos, buscar y negociar con proveedores, control de stock de alimentos y bebidas, limpieza del local y cristaleras, y recaían sobre mí los problemas que surgían en el propio negocio (problemas con los clientes, las broncas por falta de venta, tener que mediar entre jefe y compañeros). Básicamente encargado/camarero/personal de limpieza/cristalero, pero con categoría y sueldo de ayudante de camarero, ¡todo un chollo! 

Hasta mi día de descanso una vez me quedé a recibir mercancías porque al día siguiente era festivo y no servían más que ese día.

El restaurante cerró y comenzó una nueva etapa, acabé en una cafetería de barrio, aquí cumplió con la categoría profesional y descanso de dos días, en este establecimiento no tuve mayor problema que hacer alguna hora de más sin ser pagada y me dije, «bueno en peores plazas he toreado y aquí no se está tan mal». Pero por motivos económicos tuvieron que prescindir de mí, ya que llegó un momento que mi jefe no podía pagarme por motivos personales (una larga historia que no viene a cuento).

Mi última etapa en hostelería fue en otro bar de barrio, aquí tenía un contrato de 20 horas y las horas de más que echaba me las pagaba en negro (no todas las que hacía de verdad). Decidí marcharme porque mentalmente no podía más, acabe trabajando entre 11 hasta 13 horas diarias, a turno partido 6 días a la semana sin poder dormir más que 5 o 6 horas de noche, comiendo a las 5 de la tarde y cenando a las 3 de la madrugada, sin poder ver a mi familia, amigos ni mi pareja. Básicamente el día de descanso lo pasaba en la cama para recuperar energías para la semana que me esperaba.

Como se puede ver en mi experiencia en hostelería a excepción de un sitio que se cumplió descanso entre jornadas (12 horas) y semanal (2 días) y contrato de categoría profesional que me pertenecía, pero es la excepción que cumple la norma de la precariedad. Además, en ninguno de los casos he cobrado nocturnidades, ni mucho menos fueron retribuidos de ningún modo (descanso o económicamente) los 14 festivos que por derecho nos pertenecen.

Yo llegué a un punto que no voy a volver a la hostelería, no hasta que esta situación de semi esclavitud cambie de verdad. Trabajaré en otra profesión o me iré a vivir al monte con las cabras, pero no quiero volver a vivir para trabajar en lugar de trabajar para vivir.

Si lees esto y te sientes identificado, no eres el único/a somos más de los que te puedes imaginar, solo está en nuestras manos que está situación cambie, luchando juntos por los derechos que nos pertenecen.

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