FOTO: DE EN EL PUNTO DE MIRA

Risotto de plancton y «pixín»

Coulant (al momento) de #asturcilla

Helado Drácula (versionado)

Canelones de rabo de toro

Tarta de la abuela (al momento)

Ensalada de burrata con «pesto asturiano»

Bacalao a baja temperatura con pisto manchego

Crema de queso azul y manzana confitada (postre)

Arroz meloso con «con pitu caleya»

Arroz salvaje y lomo de salmonete

Pez mantequilla, cuscús y crema de ajo de negro

No, no es la carta de un restaurante, sino los platos fuera de carta que llegué a tener en cierta «sidrería» en la calle hostelera más importante de Asturias. No todos a la vez, por supuesto, pero sí más de 16 cada día durante casi 6 meses, además de los, aproximadamente, 30 platos de carta y el menú del día.

Un 30 de Junio del 2018 empecé, con toda la ilusión del mundo en dicho negocio. Era una cocina pequeña pero bien equipada. La carta, ciertamente, no había por donde cogerla, pues los platos que figuraban en ella, eran de lo más rocambolesco. Yo entraba por un cocinero que, supuestamente, se quedaría todo el fin de semana para explicarme como se elaboraban los platos y se emplataban, pero decidió que sólo estaría ese día y, al día siguiente ya no se presentaría.

BÚSCATE LA VIDA

 

Sus palabras exactas, poco antes de acabar el servicio de cenas, fueron, «búscate la vida». Y allí me quedé, con dos ayudantes de cocina a cada cual menos cooperativa con mi persona. 

Todo fue relativamente tranquilo durante 10 días más o menos. Hasta llegar al fin de semana del 13 de Julio. Viernes 13, por casualidades de la vida. Borracha, una de mis ayudantes de cocina, se presentó al turno de cenas una hora tarde y borracha como una cuba. Me desparramó por el suelo 10 litros de masa de croquetas recién hechas, tiró sobre una plancha caliente aceite y casi salgo ardiendo… No daba una al derechas. Y la otra ayudante, la pobre, bastante tenía con saber donde tenía la mano derecha. Ni la tenían contratada, ni asegurada. Le pagaban por horas e iba de vez en cuando y poco sabía de cocina, básicamente la llamaban para fregar y poco más.

Comedor y terraza llenos para los dos turnos y, la cocina mermada de personal. Salvamos la noche de milagro. Querían mandar a casa a la ayudante ebria, pero, a falta de pan, buenas son tortas.

Sábado 14. Llega 2 horas tarde a trabajar, de doblete y sin ropa de trabajo. Se da la vuelta a casa a por la ropa y acaba llegando a mitad de servicio de comidas, otra vez borracha. Para el servicio de cenas, la llamamos pasadas 1 horas y 30 minutos de su hora de entrada y, nos dice con todo su coño que no está en condiciones de ir a trabajar. Me quedo tirado con la compañera que sabe poco más que fregar, por supuesto, no es su culpa.

Pasan los días y, los socios del restaurante no hacen absolutamente nada por encontrar personal para la cocina, de hecho, «contratan» más personal de sala pero de cocina no ponen ni anuncios.

Viernes 27 de Julio. Parece que la presión, la acumulación de trabajo y el stress pueden con mi única ayudante al comenzar el primer turno de comidas, me dice que va un momento al baño. Perfecto. Pasados unos 20 minutos, y empezando a acumularse platos en el fregadero, le pido al encargado de sala que la vaya a buscar al baño de mujeres. Mi sorpresa es mayúscula cuando se me responde, «se ha ido hace más de un cuarto de hora, sin cambiarse tan siquiera». De la mala hostia que me invadió, me llevé la yema de un dedo con un cuchillo jamonero. Me lo tapé con cuatro o cinco «vueltas» de papel de cocina y acabé el servicio de comidas como pude. Fregué todos los platos, sartenes, ollas… Acondicioné la cocina y me fui a descansar la hora que me iba a quedar de descanso antes del servicio de cenas. Nadie, absolutamente nadie del equipo de sala o gerentes me echaron una mano a recoger la cocina.

Esa noche, mandaron de otro restaurante, en el que un par de socios son gerentes, otro cocinero… Sacamos el servicio como pudimos, pero R.M., no olvidará esa noche, ya que en su puta vida trabajó tanto. Sólo en ese servicio de cenas, dió el triple de cubiertos que suele dar en todo en día entero. No sólo eso, sino que elaboraciones que en mí cocina se hacían caseras, él las compra hechas. Aún así, la diferencia de sueldos entre uno y otro también eran palpables, más del doble a su favor.

Me quedé sin ayudantes de cocina fijos hasta mediados de Agosto. Más de 20 días de verano, los más duros, sin descanso semanal alguno. No solo eso, sino que además, pasé de entrar a las 11:00 horas, a entrar en ocasiones a las 8:00 horas de la mañana, sin poder salir a descansar tras el servicio de comidas (estando todo el día hasta el cierre), pues debía elaborar todos los platos de la carta y las recomendaciones «fuera de carta» sin ningún tipo de ayuda. Días, en los que podía llegar a trabajar hasta 13, 14 o 15 horas seguidas.

Fueron pasando ayudantes sin pena ni gloria, salvo una chica, que pedí, supliqué que la contratasen, el resto no mereció la pena, pues buscaban gente sin experiencia, a la que pagar poco, de ahí que sólo estuviesen unos días. Pero aquella chica trabajaba mucho y muy bien, además de saber cocinar, pero ni la contrataron ni la aseguraron, así que lógicamente, se fue, no la culpo, cualquiera se hubiera ido.

Llegamos a las puertas de San Mateo, fiestas de Oviedo, fechas de muchísimo trabajo en la ciudad. Llegó Mara, diez días antes de dichas fiestas, un alivio y respiro, y Diego, un chico sin experiencia alguna en hostelería, al que incluso, tuvimos que enseñar como se fregaba el menaje de cocina antes de meterlo en el lavavajillas. Así, se presentaban los días de mas carga de trabajo del año.

Las fiestas pasaron lentas, excesivamente lentas, sobre todo, teniendo en cuenta, que no descansé día alguno, pues mis ayudantes no conocían las elaboraciones de plato alguno, ya que Mara, llegó poco antes de las fiestas y con una carga de trabajo muy alta por entonces y Diego no sabía cocinar. Para ellos, conseguí que descansasen, como el personal de sala, al menos 1 día durante el transcurso de las fiestas. Por aquel entonces, mi hombro derecho ya había dicho basta, pues la dureza de trabajo acumulado sufrido durante todo el verano, sin apenas descanso, sumado a la carga adicional que suponía las fiestas ovetenses, hicieron que mi hombro acabase de resentirse. 

Los socios del Restaurante, nos habían prometido cerrar dos días para dar descanso al personal, tras la finalización de San Mateo, cosa que no cumplieron. Por supuesto, un par de trabajadores, nos quejamos. La solución que tomaron, fue cerrar un solo día y darme a mí y a Diego, dos días de descanso y a Mara uno. Por supuesto, yo monté en cólera con el socio que ejercía de gerente, puesto que, Mara, no sólo trabajaba y aportaba muchísimo más en cocina, sino que merecía, al menos, un descanso acorde al mío, pues había trabajado como si de la propia cocinera se tratase, y no de una ayudante de cocina. Lo que hice fue sencillo, darle medio día de mi descanso, así ambos quedaríamos con día y medio, haciéndole coincidir su descanso, además, con el de su marido, el cual, era uno de los camareros.

Llegó un 23 de Octubre, y mi hombro acabó por quebrarse. La carga de trabajo que llevaba soportada hizo que ya no aguantase más. Además, mi espalda y rodillas hacía meses que me dolían, aunque yo siempre lo achaqué al cansancio, aunque más adelante veremos que no. Uno de los socios, me dijo que al día siguiente, fuese a MI MÉDICO DE CABECERA a que me viese, y si este, me daba la baja, ya me llamaría la Mutua para tratarme, cosa que me extrañó pero a la cual accedí.

Baja por enfermedad. Primer diagnóstico, síndrome del manguito rotador.

24 de Octubre. Llevo la baja al trabajo, era mi día de descanso, aún así y con toda la puta cara del mundo, los socios me «ruegan», que al día siguiente vaya a trabajar para que Mara, mi ayudante, pueda coger su día de descanso. Accedo, no por ellos, sino por Mara, ya que conociendo los precedentes de mis ex jefes, sabía que Mara podría quedarse sin descanso mucho tiempo.

25 de Octubre. Cubro el descanso de Mara estando de baja por enfermedad.

Un par de días mas tarde, me llaman de la mutua, me solicitan una RMN (Resonancia Magnética). El informe de la misma es claro:

Ténue aumento de la señal difuso localizado a nivel del tercio distal del supraespinoso en relación con tendinosis. Disminución del espacio subacromial (6mm) con acromion tipo III. Distensión de la bursa (3mm) subacromiodeltoidea en relación con bursitis.

El diagnóstico de la mutua, a raíz de ese informe y, por tanto, por lo que me trataron fue, tendinitis del supraespinoso, obviando el resto del informe. Comencé una rehabilitación en la propia mutua que, lo único que hizo fue destrozarme el hombro cada día que me la aplicaban.

A pesar de que el médico de la mutua tuvo ante sus putas narices, un informe que detallaba perfectamente, una disminución del espacio subacromial debido a un acromión tipo III y una distensión de la bursa, optó por reventarme el hombro con una rehabilitación, sencillamente, porque la opción de una cirugía «reparadora» ni tan siquiera se la planteó.

Mañana del 9 de Diciembre. Solicito el alta voluntaria.

Harto de sufrir dolores de hombro en una rehabilitación que no hace mas que empeorar mi hombro y llegarme noticias de que mi ayudante, Mara, quiere dejar el trabajo porque está agobiada, debido a toda la carga de trabajo que hacen recaer sobre ella, solicito a mi médico de cabecera, el alta voluntaria.

Tarde del 9 de Diciembre.

Voy al restaurante a llevar el alta y avisar a mis jefes que, al día siguiente me reincorporaré a mi puesto de trabajo. Les digo también que, dado que Mara llevo unas semanas muy duras, debería coger el día libre, lo que ven con buenos ojos. Esa mismo noche, hablo con el matrimonio formado por Mara y su marido, camarero del restaurante, y me aseguran que los jefes nada le han dicho de descansar. Yo le digo que vaya al día siguiente a las 13:00 horas, que yo me encargaré del menú.

El 10 de diciembre pasa normalmente sin novedad alguna.

11 de Diciembre.

Salgo de casa, temprano como de costumbre. Siempre llevo los auriculares enchufados al móvil con música. Me llega una notificación, no les suelo hacer caso, pero como aún no me había metido el móvil en el bolsillo, lo miré. Era mi baja en la Tesorería General de la Seguridad Social… ¡ME ACABAN DE DESPEDIR DEL TRABAJO!

De la forma más ruin, rastrera y cobarde, y me acababan de despedir. Sin dar la puta cara. Sin decirme nada. Por la espalda…

Aún así, proseguí mi camino y me presenté en mi puesto de trabajo. Allí estaba la rata asquerosa del que era, en ese momento, el encargado, un amiguete de los socios que, más que trabajar para el negocio, pareció llegar para acabar con el restaurante. Saqué fotos a mi llegada, grabé un vídeo en el que se me podía ver recogiendo mis pertenencias. Solicité al encargado E.G.R. la presencia del socio que ejercía de gerente, ya que, si no se me hacía entrega de carta de despido o similar, yo ocuparía mi puesto de trabajo. Apareció. Tras más de 6 meses, NO HABÍA PASADO LA PRUEBA… Supongo que debía ganar una estrella Michelín, lástima.

Les reclamé, lógicamente, las horas extras, nocturnas y festivos trabajados no cobrados. Mi equivocación, fue en la elección de letrado, pero no me arrepiento de nada. Lo que quería conseguir y demostrar, lo demostré.

Nadie es intocable. Por muy hijo de papá o «amigo de…» que te creas, al final vas caer. Me llegaron a enviar un mensaje pidiéndome enterrar el hacha de guerra. Por supuesto, el hacha está enterrada, pero he sacado los tanques.

Diego, empezó un 13/9/18. Hay una sentencia judicial de 26/9/19, en la que aún aparece sin contrato. Los fraudes a la AGENCIA TRIBUTARIA y  a la TGSS, no tienen los mismos plazos de prescripción que las reclamaciones de cantidad de los trabajadores.

 

NOS VEMOS EN LOS BARES

 

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